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Carlos Rolong López
ABRAZOS
Abrazos para la Secretaría
de Educación de Valledupar por el programa "Escuela de Padres" que
adelanta con el fin de mejorar el nivel socioeconómico de los padres
pertenecientes a los estratos uno y dos a través de procesos de capacitación.
Abrazos porque durante los primeros siete meses del programa se han beneficiado
361 padres de familia tanto en el sector urbano como rural del municipio.
COCOTAZOS
Cocotazos para los conductores de la cuidad
de Valledupar que no respetan las campañas que emprenden las autoridades de
tránsito y del medio ambiente, con el fin de evitar la contaminación en la
ciudad. Cocotazos porque por estos días es común observar en los semáforos de
Valledupar a los mimos que con música a bordo adelantan la campaña para el
control de emisión de gases de los automotores, a los que los conductores
irrespetan, unas veces tirándole el vehículo y otras estacionándose sobre las
cebras.
EL PILON
EL DIARIO DE LA REGION
Email: elpilon@valledupar.com
Carrera 7 No 14 - 50
Tel: 5707459 - 5709089
Director: Dickson Quiroz T
Valledupar - Colombia |
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Cruzada de
solidaridad
A
más
de cotudo, con paperas. Ese refrán popular podría ilustrar en debida
forma la situación de la economía departamental, que ve precipitado su
declive en virtud de los atentados que han arrasado a los sectores
comerciales.
Las últimas mediciones no son nada halagüeñas para la
actividad comercial, cuyas expectativas eran altas para esta época del
año, que en vez de reactivarse registró un fuerte bajón, más fuerte
aún en la última semana merced al coletazo del carro bomba explotado
en la ciudad.
No se trata de llover sobre mojado, sino más bien de reconocer que se
está bien adentro en el fango y que, para salir de él, se necesitan
esfuerzos sobrehumanos, y mucha creatividad y asociatividad.
¿Qué hacer? Muy de la cultura colombiana, y muy de la vallenata,
llorar sobre la leche derramada, lamentarse de la situación,
solidarizarse con palabras y palmaditas, criticar la poca inventiva y
ejecutoria de los llamados líderes y dirigentes, de los cuales se
esperan las soluciones, para al final sumirse todos en la desesperanza
por ausencia de propuestas y concreción.
El tejido social hay que reconstruirlo con decisión, pero sobretodo con
más compromiso individual para que la solidaridad no siga
desgastándose y degenerándose, y pase a ser algo más que palmadas y
palabras y frases de cajón.
Ya basta de solidaridades de sepelios, donde pocos deudos acompañan
compungidos el féretro, mientras los demás acompañantes varones
aprovechan el escenario y la ocasión para hacer tertulia.
¿Acaso han recibido ayuda los damnificados del atentado con carrobomba
en Valledupar? Sólo lamentaciones, y quizás una que otra nota de
estilo emitida por alguna entidad gremial u oficial.
A juzgar por las informaciones de prensa, ni siquiera han encontrado eco
en las entidades gubernamentales, que siempre encuentran la forma
cínica pero trillada para ampararse en la rigidez de los presupuestos.
Que bueno emular a Medellín, donde se reconstruyó en un par de días
un centro comercial también víctima del terrorismo; todos los
antioqueños, como un haz de voluntades, arrimaron su hombro para darle
la mano a los damnificados.
Así se actúa, así se vence el terrorismo, así se combate la
desesperanza, así se estimula la generación empresarial: así se
preserva la fe, porque a la monstruosidad de las adversidades se le
antepone la infinitud de la generosidad humana; así dan ganas de seguir
en la brega.
Al menos en la órbita comercial, apadrinados por gremios y entidades
como Fenalco y Acopi, se hace necesario y urgente una cruzada para
devolverle a los comerciantes damnificados su nivel operacional.
Que cada empresa, establecimiento comercial, o persona natural, haga el
aporte que a bien tenga; que sus colegas de comercio ayuden a surtirlos
proveyéndolos de mercancías; que el municipio y el departamento hagan
lo propio, favoreciéndolos así sea en servicio o mediante
exoneraciones; que los gremios de la construcción hagan apostolado
desprendiéndose de sus utilidades, que los parlamentarios gestionen
recursos en la instancia nacional...
Que los gremios lideren la cruzada, con la seguridad que los medios de
comunicaciones trabajarán hombro a hombro.
Llegan Cartas

Valledupar,
septiembre 19 de 2001
Señor director:
Nuestro país ha
padecido con frecuencia una indolencia gubernamental que le ha generado,
a través de la historia republicana, más de un colapso en lo
político, lo económico, lo social, lo administrativo... y ninguna de
las fuerzas ideológicas que pretenden imponer su influjo escapan a esta
responsabilidad, seamos sinceros.
Pero sólo hace pocos años, uno de esos colapsos, la intensa crisis que
ahora nos golpea y se intensifica, se ha hecho integral y amenaza con
destruir no sólo nuestras instituciones sino, también, nuestras
esperanzas que pueden ser muchas, en verdad, gracias al rico potencial
que guardan nuestros suelos y nuestros hombres. Colombia es una potencia
dormida que nadie ha sabido despertar, mientras el burocratismo, la
politiquería y el utilitarismo a ultranza y egoísta obran en su
perjuicio.
Lo que estamos viviendo entre malestar, zozobras e incertidumbres, es
consecuencia, en su complejidad, de una sola cosa... la pérdida de la
Ley, la Justicia y la Autoridad. O, dicho en otras palabras, desde que
la ley en nuestro país pasó de moda o de vigencia y se crearon y se
han seguido creando mecanismos capaces de burlarla... por iniciativa
pública... desde que la justicia se vio amenazada por la fuerza y la
Ley ya no tuvo recursos para hacer valer sus derechos en función de los
derechos de los ciudadanos... y desde que la autoridad suplió su
presencia con una actitud mamertona, tolerante y a veces cómplice, el
país y los hombres de bien perdieron su equilibrio, su armonía e
incluso su esperanza. Colombia es ahora una tierra sin esperanzas porque
el Estado y sus agentes, desde hace mucho rato, se las niegan bajo la
mirada de unos pocos.
Y bajo esas tres circunstancias negativas, el país se descompone y
aniquila.
Mientras todo esto sucede los ¡amigos de la Paz¡ no dan tregua y ante
el fracaso de la Ley, la Justicia y la Autoridad, hemos perdido la paz,
la libertad, el desarrollo, la armonía social y el orden.
Y peor aún, los responsables de todo esto se atrincheran en la
hipocresía, la incapacidad, el mimetismo y el engaño dialéctico para
disimular su incapacidad e irresponsabilidad.
Tenemos pues, gracias a éstos y aquellos... la patria que unos pocos
nos han edificado, contra la voluntad de los hombres de bien que aún
creemos que dialogando sin zancadillas, podríamos sacar adelante
nuestro país.
!Dios perdone a
sus arquitectos¡
Atentamente,
JULIO DE LA ROSA INSIGNARES
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