MIERCOLES


Septiembre 19 de 2001


 



EDITORIAL

 

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Carlos Rolong López

ABRAZOS


Abrazos para la Secretaría de Educación de Valledupar por el programa "Escuela de Padres" que adelanta con el fin de mejorar el nivel socioeconómico de los padres pertenecientes a los estratos uno y dos a través de procesos de capacitación. Abrazos porque durante los primeros siete meses del programa se han beneficiado 361 padres de familia tanto en el sector urbano como rural del municipio.



COCOTAZOS



Cocotazos para los conductores de la cuidad de Valledupar que no respetan las campañas que emprenden las autoridades de tránsito y del medio ambiente, con el fin de evitar la contaminación en la ciudad. Cocotazos porque por estos días es común observar en los semáforos de Valledupar a los mimos que con música a bordo adelantan la campaña para el control de emisión de gases de los automotores, a los que los conductores irrespetan, unas veces tirándole el vehículo y otras estacionándose sobre las cebras.

EL PILON
EL DIARIO DE LA REGION

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Valledupar - Colombia


Cruzada de solidaridad

A más de cotudo, con paperas. Ese refrán popular podría ilustrar en debida forma la situación de la economía departamental, que ve precipitado su declive en virtud de los atentados que han arrasado a los sectores comerciales.
Las últimas mediciones no son nada halagüeñas para la actividad comercial, cuyas expectativas eran altas para esta época del año, que en vez de reactivarse registró un fuerte bajón, más fuerte aún en la última semana merced al coletazo del carro bomba explotado en la ciudad.
No se trata de llover sobre mojado, sino más bien de reconocer que se está bien adentro en el fango y que, para salir de él, se necesitan esfuerzos sobrehumanos, y mucha creatividad y asociatividad.
¿Qué hacer? Muy de la cultura colombiana, y muy de la vallenata, llorar sobre la leche derramada, lamentarse de la situación, solidarizarse con palabras y palmaditas, criticar la poca inventiva y ejecutoria de los llamados líderes y dirigentes, de los cuales se esperan las soluciones, para al final sumirse todos en la desesperanza por ausencia de propuestas y concreción.
El tejido social hay que reconstruirlo con decisión, pero sobretodo con más compromiso individual para que la solidaridad no siga desgastándose y degenerándose, y pase a ser algo más que palmadas y palabras y frases de cajón.
Ya basta de solidaridades de sepelios, donde pocos deudos acompañan compungidos el féretro, mientras los demás acompañantes varones aprovechan el escenario y la ocasión para hacer tertulia.
¿Acaso han recibido ayuda los damnificados del atentado con carrobomba en Valledupar? Sólo lamentaciones, y quizás una que otra nota de estilo emitida por alguna entidad gremial u oficial.
A juzgar por las informaciones de prensa, ni siquiera han encontrado eco en las entidades gubernamentales, que siempre encuentran la forma cínica pero trillada para ampararse en la rigidez de los presupuestos.
Que bueno emular a Medellín, donde se reconstruyó en un par de días un centro comercial también víctima del terrorismo; todos los antioqueños, como un haz de voluntades, arrimaron su hombro para darle la mano a los damnificados.
Así se actúa, así se vence el terrorismo, así se combate la desesperanza, así se estimula la generación empresarial: así se preserva la fe, porque a la monstruosidad de las adversidades se le antepone la infinitud de la generosidad humana; así dan ganas de seguir en la brega.
Al menos en la órbita comercial, apadrinados por gremios y entidades como Fenalco y Acopi, se hace necesario y urgente una cruzada para devolverle a los comerciantes damnificados su nivel operacional.
Que cada empresa, establecimiento comercial, o persona natural, haga el aporte que a bien tenga; que sus colegas de comercio ayuden a surtirlos proveyéndolos de mercancías; que el municipio y el departamento hagan lo propio, favoreciéndolos así sea en servicio o mediante exoneraciones; que los gremios de la construcción hagan apostolado desprendiéndose de sus utilidades, que los parlamentarios gestionen recursos en la instancia nacional...
Que los gremios lideren la cruzada, con la seguridad que los medios de comunicaciones trabajarán hombro a hombro.


Llegan Cartas   

Valledupar, septiembre 19 de 2001

Señor director:

Nuestro país ha padecido con frecuencia una indolencia gubernamental que le ha generado, a través de la historia republicana, más de un colapso en lo político, lo económico, lo social, lo administrativo... y ninguna de las fuerzas ideológicas que pretenden imponer su influjo escapan a esta responsabilidad, seamos sinceros.
Pero sólo hace pocos años, uno de esos colapsos, la intensa crisis que ahora nos golpea y se intensifica, se ha hecho integral y amenaza con destruir no sólo nuestras instituciones sino, también, nuestras esperanzas que pueden ser muchas, en verdad, gracias al rico potencial que guardan nuestros suelos y nuestros hombres. Colombia es una potencia dormida que nadie ha sabido despertar, mientras el burocratismo, la politiquería y el utilitarismo a ultranza y egoísta obran en su perjuicio.
Lo que estamos viviendo entre malestar, zozobras e incertidumbres, es consecuencia, en su complejidad, de una sola cosa... la pérdida de la Ley, la Justicia y la Autoridad. O, dicho en otras palabras, desde que la ley en nuestro país pasó de moda o de vigencia y se crearon y se han seguido creando mecanismos capaces de burlarla... por iniciativa pública... desde que la justicia se vio amenazada por la fuerza y la Ley ya no tuvo recursos para hacer valer sus derechos en función de los derechos de los ciudadanos... y desde que la autoridad suplió su presencia con una actitud mamertona, tolerante y a veces cómplice, el país y los hombres de bien perdieron su equilibrio, su armonía e incluso su esperanza. Colombia es ahora una tierra sin esperanzas porque el Estado y sus agentes, desde hace mucho rato, se las niegan bajo la mirada de unos pocos.
Y bajo esas tres circunstancias negativas, el país se descompone y aniquila.
Mientras todo esto sucede los ¡amigos de la Paz¡ no dan tregua y ante el fracaso de la Ley, la Justicia y la Autoridad, hemos perdido la paz, la libertad, el desarrollo, la armonía social y el orden.
Y peor aún, los responsables de todo esto se atrincheran en la hipocresía, la incapacidad, el mimetismo y el engaño dialéctico para disimular su incapacidad e irresponsabilidad.
Tenemos pues, gracias a éstos y aquellos... la patria que unos pocos nos han edificado, contra la voluntad de los hombres de bien que aún creemos que dialogando sin zancadillas, podríamos sacar adelante nuestro país.

!Dios perdone a sus arquitectos¡

Atentamente,

JULIO DE LA ROSA INSIGNARES


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