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Carlos Rolong López
EL PILON
EL DIARIO DE LA REGION
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Valledupar - Colombia |
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Columnista invitado
Recordando
José Manuel
Aponte Martínez
Hace ya varios
años, cuando me desempeñe como director de Coldeportes, tuve la
oportunidad de traer a varias estrellas del deporte que en el momento se
encontraban en la cúspide de su esplendor: Bernardo Caraballo, Los
Trotamundo, "Pambelé" y Rocky Valdez, entre otros, que nos
deleitaron con unas extraordinarias presentaciones al aire libre, pues no
había escenarios adecua-dos.
Hoy tenemos el mejor coliseo de Colombia e inexplicablemente sólo se
utiliza para actos religiosos y presentaciones artísticas.
También pudimos traer, esto si con el concurso directo del doctor Orlando
Velásquez, quien lastimosamente nos dejó y falta que nos hace,
entrenadores de Estados Unidos y Japón; no recuerdo sus nombres pero si
recuerdo con claridad algunas observaciones que de acuerdo a como se han
desarrollado las cosas en Colombia, veo que todavía hay tiempo de
corregirlas para evitar las tragedias ecológicas, sociales y económicas
que ellos pronosticaron.
El entrenador gringo natural de algún estado de topografía desértica,
no sabía ni mu de español, sólo decía Coca Cola, pero practicaba y
enseñaba muchos deportes a pleno sol y cuando lo veía sofocado y más
"colorao" que un tomate, le decía Coca Cola y respondía sin
pensarlo YES. Después se me ocurrió llevarlo, en ese tiempo se podía,
al balneario de La Mina y fue tanto su entusiasmo que el primer día hizo
siesta acostado en una piedra con el cuerpo cubierto de agua, y aprendió
otra palabra en español que cuando teníamos ratos desocupados la
pronunciaba para indicar su deseo de volver: La Mina.
En ese son fuimos muchas veces y cuando ya conoció la región a través
del profesor Penso, su interprete, me hizo algunas observaciones
premonitorias a las cuales me voy a referir. Me contó que en razón de su
oficio había viajado por el mundo y jamás había encontrado un sitio tan
agradable y bello como ese balneario, pero que observaba con preocupación
que a la orilla del rió se mutilaban los árboles y se arrasaba la
vegetación, que en su país ese era un delito no grave sino gravísimo,
severamente sancionado y que por esa razón nadie lo hacia, que en poco
tiempo de continuar esta conducta criminal con la naturaleza el rió se
secaría y sólo quedarían los recuerdos.
Le contesté que aquí también existían esas normas, pero que las
autoridades no las hacían cumplir y por eso la gente a pesar de
conocerlas no las obedecían. Además le manifesté que algún día nos
daríamos cuenta del tremendo daño que nos estábamos haciendo, y fue
así como en la época de la famosa bonanza marimbera casi sucede; ahora
hemos adquirido un poco de cultura y responsabilidad al respecto y con el
concurso material y cultural de Corpocesar, así la gente no lo crea, se
ha conseguido arborizar en parte las márgenes de los ríos con unas
siembras que de continuar y vigilar se verán sus bondadosos resultados,
pues ya se comienzan a observar en las carreteras arroyos, potreros y
principalmente en las orillas de nuestras arterias fluviales una gran
variedad de árboles exóticos y nativos, no por generación espontánea
que lograron subsistir de los programas de reforestación que se han
adelantado y que ojalá se continúen.
También se mostró asombrado
por la carencia de un establecimiento en donde siquiera uno pudiera
cambiar-se y dejar su ropa segura o un hotel donde se consiguiera comida y
alojamiento por el tiempo que el bañista deseara; según él estábamos
desaprovechando "la industria sin chimenea que tan buenos resultados
estaba produciendo en otras partes del mundo". Hoy por razones de
todos conocidas, la situación es peor en cuanto a comodidades existentes,
porque es una osadía ir a disfrutar de las deliciosas aguas del rió
Badillo en la otrora agradable y acogedora población de La Mina.
imocu1@latinmail.com
Recurso
hídrico dulce
Por Virgilio
Calderón Peña
La administración
del recurso hídrico corresponde por Ley a las autoridades ambientales,
por tal razón su manejo debe basarse en los principios rectores de
carácter internacional y en las normas nacionales para su control,
aprovechamiento y uso racional.
Existe entonces un principio fundamental y es aquel que establece que el
agua dulce es un recurso finito y vulnerable, esencial para sostener la
vida, el desarrollo y el medio ambiente.
Basado en la Ley 23 de 1973, el Gobierno Nacional elaboró el Código de
los Recursos Naturales Renovables y para tal fin en lo relativo a este
recurso expidió una serie de reglamentaciones que le permiten a los entes
responsables controlar las aguas de dominio privado, o sea las que nacen y
mueren en un mismo predio, y las de dominio público, que corresponden a
los ríos y todas las aguas que circulen por cauces naturales en calidad
de perennes (siempre llevan agua en invierno y en verano), intermitentes
(llevan agua sólo en verano) o efímeras (llevan agua en invierno y no
llevan en verano); las aguas que corran por cauces artificiales derivadas
de un cauce natural; los lagos, lagunas, ciénagas y pantanos; las aguas
que se encuentran en la atmósfera; las del subsuelo como acuíferos,
zonas de recarga y depósitos de aguas subterráneas; las aguas lluvias;
las de los Nevados y Glaciares; las ya utilizadas servidas o negras; las
provenientes de fenómenos meteorológicos anormales; las del suelo
productivo y las privadas por no ser usadas durante tres (3) años
consecutivos.
Legalmente el recurso es posible aprovecharlo mediante concesión de
aguas, que es cuando se otorga a una persona natural o jurídica, pública
o privada, el derecho a aprovechar las aguas de uso público; y mediante
reglamentación, o sea a través de un proceso de regulación hídrica de
la cuenca hidrográfica surtidora y de un trámite jurídico determinado
por la norma.
El uso del agua para consumo humano y doméstico lo considero prioritario,
y de los que indica el Artículo 30 del Decreto 1594 de 1984 califico como
superprioritarios a su empleo como bebida directa y preparación de
alimentos para consumo inmediato y como satisfacción de necesidades
domés-ticas, individuales o colectivas, tales como higiene personal y
limpieza de elementos, materiales o utensilios. Otro uso fundamental del
agua consignado en el Artículo 31 del mismo Decreto es el que tiene que
ver con la preservación de la fauna y la flora, empleada en actividades
destinadas a mantener la vida natural de los ecosistemas acuáticos
terrestres y de sus ecosistemas asociados, sin causar alteraciones
sensibles en ellos, o para actividades que permitan la reproducción,
supervivencia, crecimiento, extracción y aprovechamiento de especies
hidrobiológicas en cualquiera de sus formas, tal como en los casos de
pesca y acuicultura.
Es una lástima que el aprovechamiento del agua se haya convertido en un
grave problema, producto del desor-den en el aprovechamiento en sí y el
abuso en la distribución; de los continuos conflictos entre usuarios de
las corrientes por su captación; por el beneficio de pocos usuarios
perjudicando a la mayoría de ellos; por el gran número de usuarios; y
por la poca disponibilidad del recurso, ante el deterioro de las cuencas
hidrográficas.
Columnista
invitado
Jaime pardo Leal
(I)
Por Wiston de
Jesús Araujo
Veintitrés años
después de prestar con honestidad, eficiencia y consa-gración sus
servicios a la justicia colombiana, Jaime Pardo Leal, natural de un pueblo
de gentes buenas (Ubaqué-Cundinamarca), dejó su investidura como
Magistrado en el Tribunal Superior de Bogotá para someter sus acciones al
veredicto de la opinión pública, de los que fueron sus compañeros de la
Rama Judicial y de los abogados que lo vieron administrar justicia sin
pensar nada distinto a que la diosa de los ojos vendados no corriera la
venda y aplicara con rigor lo que la Ley manda y dispone.
Humilde hasta los tuétanos, estudioso, amigo de los amigos, y hasta de
los que no lo eran, catedrático sobresaliente, mamador de gallo, sincero,
honesto hasta morir y sobre todo rico en carácter, este hombre que vivió
permanentemente en conflicto con la corbata, que comprendió siempre que
el arte de administrar justicia no entra en pugna con la defensa de los
derechos que tienen los servidores de la Rama Judicial, al finalizar el
primer semestre del año de 1985 se retiró de la magistratura no por
decisión suya, sino porque sus superiores jerárquicos estimaron que su
conducta de defensor incansable de prerrogativas que la misma ley
consagra, era un afrenta para la recta administración de justicia.
Se retiró de la magistratura para convertirse en candidato a la
Presidencia de la República en representación del naciente partido
político denominado Unión Patriótica, sin pensar que meses después, un
once (11) de septiembre caería vilmente asesinado por sicarios al
servicio del narcotráfico, como lo asegurará con entereza por los medios
de comunicación el entonces Ministro de Justicia Enrique Low Murtra,
víctima también de los mismos actores, tiempo después. Como candidato
el pueblo valduparense conoció sus grandes dotes como orador, cuando hizo
su discurso en la plaza Alfonso López.
En el alma de Jaime Pardo Leal no hubo sitio ni para la frustración ni
para las cosas mezquinas. El tuvo la conciencia absoluta de que cumplió y
quería seguir cumpliendo con su deber como buen ciudadano que era.
Ninguno osará afirmar que en sus actos como administrador de justicia, en
esa batalla del fallador para buscar el adecuamiento de la conducta humana
a lo que manda y ordena la Ley, estuvieron afectados por la pasión, por
el odio, por la simpatía o por el afecto. Menos podrán afirmar que fue
un experto en inclinar de un lado a otro el fiel de la balanza.
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CREATIVIDAD
CHIRIGUANERA
Definitivamente el fin
justifica los medios, o si no que lo diga este chiriguanero que
diariamente vende pollo asado en una de las principales vías de este
municipio. El muy creativo señor, se inventó un nuevo sistema para
asar los pollos, el cual construyó con un rin de bicicletas y una
cuerda, con lo cual le quedan bien asados sus pollos y se ahorra la
caminada, pues todo lo hace sentado en una silla. Foto
Neftalí Castellar.
Parálisis
por análisis
Por Jorge Luis
Triviño Fuentes
En
memoria del poeta
Diomedes Daza (q.e.p.d.)
En estos tiempos de
angustia y temor es necesario intentar el refugio, las horas del oscuro
existir que prodiga la violencia exigen resguardos.
Ante el sol que calcina la sombra del árbol es bienhechora, los poetas
crean su propio mundo el cual debe interpretarse poéticamente para
comprenderlo. "Yo me valgo de la poesía para saborear descansos y
mitigaciones, me entrego a la lectura y al recuerdo. Ella ofrece su
generoso albergue". Pensamiento del extinto Diomedes Daza.
Por cierto, los poetas parecen conscientes de su papel histórico. Ahora
como nunca el regalo de su inspiración se ofrece prodigo. Una muy
profunda convicción a cerca de su naturaleza superior debió tener esa
alta cifra del pensamiento universal que fue Goethe, cuando predicó con
rotunda inequívoca afirmación: El Poeta es el supremo legislador del
mundo.
Eso bastaría, por si sola, para desvirtuar cuantas se han hecho en pos de
desacreditar y minimizar a ese ser excepcional y único que es el poeta.
Ese iluminado que es capaz de tras-cender con su palabra y con su voz las
más intrincadas barreras de la lengua, de los signos y grafías. Y es
que, tanto en el lejano pasado como en el inmediato presente, ha sido ese
"legislador del mundo", objeto de cuanta manifestación creen
los demás mortales que lo reducen y limitan en la majestuosa e
irreductible grandeza de su don y de su ciencia.
De la gaya ciencia que lo hace espécimen único e irrepetible entre los
de su especie y de todas aquellas de cuantas pueda tenerse noticia en el
sumun de los mundos que al hombre le son dados conocer, pensar o imaginar.
De manera que al halo de grandeza, sabiduría y creatividad, siempre
deberá el poeta agregar en su testa coronada un espacio para el menoscabo
que de estos dones se le ocurra a sus congéne-res hacerle, en la certeza
que jamás lograrán opacar luz que emite esa nimbada cabeza.
Nada hay más consustancial al poeta y a la especial condición que le
asignaba Goetche, que la política.
Ese otro arte de la convivencia entre los hombres que se soporta en las
ideas y en la praxis social que su sano ejercicio traduce el desarrollo y
progreso. Que se sepa a ningún intelectual y humanista le está vedada la
posibilidad de actuar, participar y hacer política. Máxime, si ese
quehacer se asume en las coordenadas y meridianos del interés superior
del procomún, en su beneficio y en todo aquello que entrañe su continuo
y permanente bienestar. (D.D.D.)
Y si del poeta se tratare, a ese si que le incumbe en todas las
dimensiones de su estancia terrenal individual y de su proyección social
el ejercicio de la política; su activa participación en ella y las
realizaciones que la misma entraña y concita en el alma de los pueblos. Y
todo porque al poeta le ha sido dada una voz universal para que trascienda
en su vitalidad creativa cuanto le es común a los de su especie, tanto en
lo estético como en lo ético. Una voz para reivindicarse y reivindicar a
los demás; para que responda por si mismo y por los otros. Y por la
construcción de un mundo soportado en la fuerza de la humanización, de
la solidaridad; del progreso con equidad y de la justicia social.
Nadie entonces diga, que el poeta no puede ni debe escribir, hablar o
actuar en política. Decirlo es tonto, pero creerlo resulta dañino y
grave para la sociedad de la cual aquel se siente parte vital y factor
clave en todo cuanto contribuya a su unidad, reconciliación y progreso.
Reivindicar al poeta, al humanista, como actor de primer orden en la
búsqueda de caminos que conduzcan a la formación de una patria solidaria
y fraternal, alumbrada por el faro de la ciencia y el humanismo y
soportada en el progreso y desarrollo económico y social, es empresa para
la cual los poetas están llamados a ocupar posiciones de vanguardia. A
alumbrar con sus luces, a empujar con su fuerza y a convocar con sus
sueños de fe y esperanza en la grandeza de nuestro destino.
Edificantes
y gratos recuerdos
de Silvio Villegas
Por
Yin Daza
Azael
de Jesús Ramírez, odontólogo de profesión, buen historiador,
magnífico periodista y muy buen amigo, nos contaba ayer un secreto que
nosotros también secretamente queremos contárselo a ustedes hoy:
nuestros escritos no le gustan a un amigo de él, y de nosotros también,
porque citamos mucho a Silvio Villegas, cosa que nosotros lamentamos muy
de veras, pues Silvio a pesar de sus veleidades políticas, ha sido toda
la vida una de nuestras verdaderas admiraciones humanas. Gran orador,
estupendo escritor, desde muy joven nosotros, siempre hemos creído que
este insigne escritor manizalita es una de las más renombradas figuras
que ha tenido nuestra patria. Es más, creemos sinceramente que de Silvio
Villegas puede decirse con exactitud lo que él dijo de Rubén Darío, el
notable poeta nicaragüense: han de pasar siglos para que la arcilla
humana pueda organizar otras torres de igual grandeza! Y Otto Morales
Benítez, quien conoció muy bien a nuestro amigo Silvio y quien es por
cierto un intelectual de cuatro dimensiones, pues ha escrito ya 85
libros, todos de excelente calidad, dice que Silvio tiene idoneidad
intelectual para regodearse con la materia elegida. Luego su erudición es
pasmosa, muy actualizada entre los autores que en su época, y luego en
otras, han extendido su influencia por las personales calidades en el
manejo del idioma, en el análisis de situaciones del alma, en la
recreación de los ambientes o en la manera de puntualizar sus ideas.
Silvio Villegas apela a la cita que se ciñe al tema; la que corresponde,
exactamente. Es un ejercicio intelectual de fidelidad a quien lo ha
acompañado en su travesía intelectual. En lo literario se le halla
tenso, devoto, sumergido en los misterios que inspira la creación
artística. Porque a lo que reclaman las palabras, también une la música
y el arte.
Con Silvio Villegas tuvimos siempre una buena amistad y de él aprendimos
muchas cosas que esperamos no olvidar nunca. Por eso tenemos una ligera
antipatía por los gringos. Qué colombiano de buena memoria puede olvidar
estas palabras de Silvio: "No me levanto a pronunciar una arenga más
en mi carrera política sino a saldar una deuda que tengo contraída con
mi patria y con mi conciencia. Hombre de una sola palabra, acostumbrado a
cumplirla con la certidumbre implacable de la naturaleza, prometí desde
el principio atacar este contrato, y aquí estoy, casi solitario,
asistiendo a la fuga de muchos combatientes de la víspera y esperando la
soledad definitiva que hace al hombre más fuerte, según la sentencia del
filósofo. Una idea no brilla en todo su esplendor sino cuando tiene un
testigo solitario. Ninguno de los derechos del Estado se limita de manera
precisa dentro del contrato que comentamos. Lo único nítido, claro,
incuestionable que corre a través de este oscuro acertijo, que para
resolver un pleito crea doscientos, son los derechos y privilegios de la
compañía. Todo lo que se les niega a los colombianos, aparece
pródigamente otorgado aquí a "una asociación de millonarios"
de los Estados Unidos. Con asombro, pero sin sorpresa, nosotros estamos
asistiendo a la entrega metódica de las riquezas patrias a los Estados
Unidos, es decir, de la soberanía efectiva. Como se perdió Panamá se
perderán también todas las riquezas nacionales. A veces piensa uno que
este infortunado país está perdiendo su vitalidad creadora, su grandeza
ética, su excelsitud nacionalista. ¿Dónde están Caro y Concha,
Benjamín Herrera o Rafael Uribe Uribe, para defender la tierra de los
padres contra la penetración conquistadora? Al poder o a su sombra se
sacrifican hoy los valores espirituales que no se cotizan en la bolsa. Los
pueblos que pierden la honra por el negocio, pierden el negocio y la
honra".
Y ¿quién que trató a Silvio Villegas, o que leyó sus escritos, sus
innumerables escritos puede olvidarse de este egregio escritor que ya casi
nadie recuerda? Lea usted queridísimo amigo periodista que no le gusta
mucho nuestro amigo Silvio estas hermosas palabras del egregio e
inolvidable escritor caldense: "La vida privada de los ciudadanos es
un santuario, cuyos umbrales no pueden traspasarse sino con los pies
descalzos. Nunca se tomarán precau-ciones suficientemente severas para
asegurar el respeto que se le debe. Hay, sin embargo, una diferencia que
hacer entre el ciudadano que se consagra al servicio público y el que
permanece estrictamente en la vida privada. Los cargos del Estado no son
obligatorios; quien los solicita y alcanza tiene que aportar un pasado sin
tacha y un crédito inmaculado. Así se trate de una función o de un
mandato público, quien lo ejerce debe ser un hombre honrado y un hombre
de honor. Si no lo es, importa al patrimonio superior del Estado, más
todavía que a la ética social, que la prensa, intérprete de la
conciencia colectiva, sea libre para decirlo y probarlo. No temáis si
entonces se os llama liberalistas, panfletarios, calumniadores ya que
denunciar a los amigos del bien público es la mejor acción que un varón
justo puede realizar en este bajo mundo".
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