MIERCOLES


Septiembre 12 de 2001


 



COLUMNISTAS

 

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Carlos Rolong López
























































































































 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





 

EL PILON
EL DIARIO DE LA REGION

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Columnista invitado
Recordando
José Manuel Aponte Martínez

Hace ya varios años, cuando me desempeñe como director de Coldeportes, tuve la oportunidad de traer a varias estrellas del deporte que en el momento se encontraban en la cúspide de su esplendor: Bernardo Caraballo, Los Trotamundo, "Pambelé" y Rocky Valdez, entre otros, que nos deleitaron con unas extraordinarias presentaciones al aire libre, pues no había escenarios adecua-dos.
Hoy tenemos el mejor coliseo de Colombia e inexplicablemente sólo se utiliza para actos religiosos y presentaciones artísticas.
También pudimos traer, esto si con el concurso directo del doctor Orlando Velásquez, quien lastimosamente nos dejó y falta que nos hace, entrenadores de Estados Unidos y Japón; no recuerdo sus nombres pero si recuerdo con claridad algunas observaciones que de acuerdo a como se han desarrollado las cosas en Colombia, veo que todavía hay tiempo de corregirlas para evitar las tragedias ecológicas, sociales y económicas que ellos pronosticaron.
El entrenador gringo natural de algún estado de topografía desértica, no sabía ni mu de español, sólo decía Coca Cola, pero practicaba y enseñaba muchos deportes a pleno sol y cuando lo veía sofocado y más "colorao" que un tomate, le decía Coca Cola y respondía sin pensarlo YES. Después se me ocurrió llevarlo, en ese tiempo se podía, al balneario de La Mina y fue tanto su entusiasmo que el primer día hizo siesta acostado en una piedra con el cuerpo cubierto de agua, y aprendió otra palabra en español que cuando teníamos ratos desocupados la pronunciaba para indicar su deseo de volver: La Mina.
En ese son fuimos muchas veces y cuando ya conoció la región a través del profesor Penso, su interprete, me hizo algunas observaciones premonitorias a las cuales me voy a referir. Me contó que en razón de su oficio había viajado por el mundo y jamás había encontrado un sitio tan agradable y bello como ese balneario, pero que observaba con preocupación que a la orilla del rió se mutilaban los árboles y se arrasaba la vegetación, que en su país ese era un delito no grave sino gravísimo, severamente sancionado y que por esa razón nadie lo hacia, que en poco tiempo de continuar esta conducta criminal con la naturaleza el rió se secaría y sólo quedarían los recuerdos.
Le contesté que aquí también existían esas normas, pero que las autoridades no las hacían cumplir y por eso la gente a pesar de conocerlas no las obedecían. Además le manifesté que algún día nos daríamos cuenta del tremendo daño que nos estábamos haciendo, y fue así como en la época de la famosa bonanza marimbera casi sucede; ahora hemos adquirido un poco de cultura y responsabilidad al respecto y con el concurso material y cultural de Corpocesar, así la gente no lo crea, se ha conseguido arborizar en parte las márgenes de los ríos con unas siembras que de continuar y vigilar se verán sus bondadosos resultados, pues ya se comienzan a observar en las carreteras arroyos, potreros y principalmente en las orillas de nuestras arterias fluviales una gran variedad de árboles exóticos y nativos, no por generación espontánea que lograron subsistir de los programas de reforestación que se han adelantado y que ojalá se continúen.

También se mostró asombrado por la carencia de un establecimiento en donde siquiera uno pudiera cambiar-se y dejar su ropa segura o un hotel donde se consiguiera comida y alojamiento por el tiempo que el bañista deseara; según él estábamos desaprovechando "la industria sin chimenea que tan buenos resultados estaba produciendo en otras partes del mundo". Hoy por razones de todos conocidas, la situación es peor en cuanto a comodidades existentes, porque es una osadía ir a disfrutar de las deliciosas aguas del rió Badillo en la otrora agradable y acogedora población de La Mina.

imocu1@latinmail.com


Recurso hídrico dulce
Por Virgilio Calderón Peña

La administración del recurso hídrico corresponde por Ley a las autoridades ambientales, por tal razón su manejo debe basarse en los principios rectores de carácter internacional y en las normas nacionales para su control, aprovechamiento y uso racional.
Existe entonces un principio fundamental y es aquel que establece que el agua dulce es un recurso finito y vulnerable, esencial para sostener la vida, el desarrollo y el medio ambiente.
Basado en la Ley 23 de 1973, el Gobierno Nacional elaboró el Código de los Recursos Naturales Renovables y para tal fin en lo relativo a este recurso expidió una serie de reglamentaciones que le permiten a los entes responsables controlar las aguas de dominio privado, o sea las que nacen y mueren en un mismo predio, y las de dominio público, que corresponden a los ríos y todas las aguas que circulen por cauces naturales en calidad de perennes (siempre llevan agua en invierno y en verano), intermitentes (llevan agua sólo en verano) o efímeras (llevan agua en invierno y no llevan en verano); las aguas que corran por cauces artificiales derivadas de un cauce natural; los lagos, lagunas, ciénagas y pantanos; las aguas que se encuentran en la atmósfera; las del subsuelo como acuíferos, zonas de recarga y depósitos de aguas subterráneas; las aguas lluvias; las de los Nevados y Glaciares; las ya utilizadas servidas o negras; las provenientes de fenómenos meteorológicos anormales; las del suelo productivo y las privadas por no ser usadas durante tres (3) años consecutivos.
Legalmente el recurso es posible aprovecharlo mediante concesión de aguas, que es cuando se otorga a una persona natural o jurídica, pública o privada, el derecho a aprovechar las aguas de uso público; y mediante reglamentación, o sea a través de un proceso de regulación hídrica de la cuenca hidrográfica surtidora y de un trámite jurídico determinado por la norma.
El uso del agua para consumo humano y doméstico lo considero prioritario, y de los que indica el Artículo 30 del Decreto 1594 de 1984 califico como superprioritarios a su empleo como bebida directa y preparación de alimentos para consumo inmediato y como satisfacción de necesidades domés-ticas, individuales o colectivas, tales como higiene personal y limpieza de elementos, materiales o utensilios. Otro uso fundamental del agua consignado en el Artículo 31 del mismo Decreto es el que tiene que ver con la preservación de la fauna y la flora, empleada en actividades destinadas a mantener la vida natural de los ecosistemas acuáticos terrestres y de sus ecosistemas asociados, sin causar alteraciones sensibles en ellos, o para actividades que permitan la reproducción, supervivencia, crecimiento, extracción y aprovechamiento de especies hidrobiológicas en cualquiera de sus formas, tal como en los casos de pesca y acuicultura.
Es una lástima que el aprovechamiento del agua se haya convertido en un grave problema, producto del desor-den en el aprovechamiento en sí y el abuso en la distribución; de los continuos conflictos entre usuarios de las corrientes por su captación; por el beneficio de pocos usuarios perjudicando a la mayoría de ellos; por el gran número de usuarios; y por la poca disponibilidad del recurso, ante el deterioro de las cuencas hidrográficas.


Columnista invitado
Jaime pardo Leal (I)
Por Wiston de Jesús Araujo

Veintitrés años después de prestar con honestidad, eficiencia y consa-gración sus servicios a la justicia colombiana, Jaime Pardo Leal, natural de un pueblo de gentes buenas (Ubaqué-Cundinamarca), dejó su investidura como Magistrado en el Tribunal Superior de Bogotá para someter sus acciones al veredicto de la opinión pública, de los que fueron sus compañeros de la Rama Judicial y de los abogados que lo vieron administrar justicia sin pensar nada distinto a que la diosa de los ojos vendados no corriera la venda y aplicara con rigor lo que la Ley manda y dispone.
Humilde hasta los tuétanos, estudioso, amigo de los amigos, y hasta de los que no lo eran, catedrático sobresaliente, mamador de gallo, sincero, honesto hasta morir y sobre todo rico en carácter, este hombre que vivió permanentemente en conflicto con la corbata, que comprendió siempre que el arte de administrar justicia no entra en pugna con la defensa de los derechos que tienen los servidores de la Rama Judicial, al finalizar el primer semestre del año de 1985 se retiró de la magistratura no por decisión suya, sino porque sus superiores jerárquicos estimaron que su conducta de defensor incansable de prerrogativas que la misma ley consagra, era un afrenta para la recta administración de justicia.
Se retiró de la magistratura para convertirse en candidato a la Presidencia de la República en representación del naciente partido político denominado Unión Patriótica, sin pensar que meses después, un once (11) de septiembre caería vilmente asesinado por sicarios al servicio del narcotráfico, como lo asegurará con entereza por los medios de comunicación el entonces Ministro de Justicia Enrique Low Murtra, víctima también de los mismos actores, tiempo después. Como candidato el pueblo valduparense conoció sus grandes dotes como orador, cuando hizo su discurso en la plaza Alfonso López.
En el alma de Jaime Pardo Leal no hubo sitio ni para la frustración ni para las cosas mezquinas. El tuvo la conciencia absoluta de que cumplió y quería seguir cumpliendo con su deber como buen ciudadano que era.
Ninguno osará afirmar que en sus actos como administrador de justicia, en esa batalla del fallador para buscar el adecuamiento de la conducta humana a lo que manda y ordena la Ley, estuvieron afectados por la pasión, por el odio, por la simpatía o por el afecto. Menos podrán afirmar que fue un experto en inclinar de un lado a otro el fiel de la balanza.

 






CREATIVIDAD CHIRIGUANERA
Definitivamente el fin justifica los medios, o si no que lo diga este chiriguanero que diariamente vende pollo asado en una de las principales vías de este municipio. El muy creativo señor, se inventó un nuevo sistema para asar los pollos, el cual construyó con un rin de bicicletas y una cuerda, con lo cual le quedan bien asados sus pollos y se ahorra la caminada, pues todo lo hace sentado en una silla. Foto Neftalí Castellar.


Parálisis por análisis
Por Jorge Luis Triviño Fuentes
En memoria del poeta 
Diomedes Daza
(q.e.p.d.)

En estos tiempos de angustia y temor es necesario intentar el refugio, las horas del oscuro existir que prodiga la violencia exigen resguardos.
Ante el sol que calcina la sombra del árbol es bienhechora, los poetas crean su propio mundo el cual debe interpretarse poéticamente para comprenderlo. "Yo me valgo de la poesía para saborear descansos y mitigaciones, me entrego a la lectura y al recuerdo. Ella ofrece su generoso albergue". Pensamiento del extinto Diomedes Daza.
Por cierto, los poetas parecen conscientes de su papel histórico. Ahora como nunca el regalo de su inspiración se ofrece prodigo. Una muy profunda convicción a cerca de su naturaleza superior debió tener esa alta cifra del pensamiento universal que fue Goethe, cuando predicó con rotunda inequívoca afirmación: El Poeta es el supremo legislador del mundo.
Eso bastaría, por si sola, para desvirtuar cuantas se han hecho en pos de desacreditar y minimizar a ese ser excepcional y único que es el poeta. Ese iluminado que es capaz de tras-cender con su palabra y con su voz las más intrincadas barreras de la lengua, de los signos y grafías. Y es que, tanto en el lejano pasado como en el inmediato presente, ha sido ese "legislador del mundo", objeto de cuanta manifestación creen los demás mortales que lo reducen y limitan en la majestuosa e irreductible grandeza de su don y de su ciencia.
De la gaya ciencia que lo hace espécimen único e irrepetible entre los de su especie y de todas aquellas de cuantas pueda tenerse noticia en el sumun de los mundos que al hombre le son dados conocer, pensar o imaginar. De manera que al halo de grandeza, sabiduría y creatividad, siempre deberá el poeta agregar en su testa coronada un espacio para el menoscabo que de estos dones se le ocurra a sus congéne-res hacerle, en la certeza que jamás lograrán opacar luz que emite esa nimbada cabeza.
Nada hay más consustancial al poeta y a la especial condición que le asignaba Goetche, que la política.
Ese otro arte de la convivencia entre los hombres que se soporta en las ideas y en la praxis social que su sano ejercicio traduce el desarrollo y progreso. Que se sepa a ningún intelectual y humanista le está vedada la posibilidad de actuar, participar y hacer política. Máxime, si ese quehacer se asume en las coordenadas y meridianos del interés superior del procomún, en su beneficio y en todo aquello que entrañe su continuo y permanente bienestar. (D.D.D.)
Y si del poeta se tratare, a ese si que le incumbe en todas las dimensiones de su estancia terrenal individual y de su proyección social el ejercicio de la política; su activa participación en ella y las realizaciones que la misma entraña y concita en el alma de los pueblos. Y todo porque al poeta le ha sido dada una voz universal para que trascienda en su vitalidad creativa cuanto le es común a los de su especie, tanto en lo estético como en lo ético. Una voz para reivindicarse y reivindicar a los demás; para que responda por si mismo y por los otros. Y por la construcción de un mundo soportado en la fuerza de la humanización, de la solidaridad; del progreso con equidad y de la justicia social.
Nadie entonces diga, que el poeta no puede ni debe escribir, hablar o actuar en política. Decirlo es tonto, pero creerlo resulta dañino y grave para la sociedad de la cual aquel se siente parte vital y factor clave en todo cuanto contribuya a su unidad, reconciliación y progreso. Reivindicar al poeta, al humanista, como actor de primer orden en la búsqueda de caminos que conduzcan a la formación de una patria solidaria y fraternal, alumbrada por el faro de la ciencia y el humanismo y soportada en el progreso y desarrollo económico y social, es empresa para la cual los poetas están llamados a ocupar posiciones de vanguardia. A alumbrar con sus luces, a empujar con su fuerza y a convocar con sus sueños de fe y esperanza en la grandeza de nuestro destino.


Edificantes y gratos recuerdos
de Silvio Villegas
Por
Yin Daza

Azael de Jesús Ramírez, odontólogo de profesión, buen historiador, magnífico periodista y muy buen amigo, nos contaba ayer un secreto que nosotros también secretamente queremos contárselo a ustedes hoy: nuestros escritos no le gustan a un amigo de él, y de nosotros también, porque citamos mucho a Silvio Villegas, cosa que nosotros lamentamos muy de veras, pues Silvio a pesar de sus veleidades políticas, ha sido toda la vida una de nuestras verdaderas admiraciones humanas. Gran orador, estupendo escritor, desde muy joven nosotros, siempre hemos creído que este insigne escritor manizalita es una de las más renombradas figuras que ha tenido nuestra patria. Es más, creemos sinceramente que de Silvio Villegas puede decirse con exactitud lo que él dijo de Rubén Darío, el notable poeta nicaragüense: han de pasar siglos para que la arcilla humana pueda organizar otras torres de igual grandeza! Y Otto Morales Benítez, quien conoció muy bien a nuestro amigo Silvio y quien es por cierto un intelectual de cuatro dimensiones, pues ha escrito ya 85 libros, todos de excelente calidad, dice que Silvio tiene idoneidad intelectual para regodearse con la materia elegida. Luego su erudición es pasmosa, muy actualizada entre los autores que en su época, y luego en otras, han extendido su influencia por las personales calidades en el manejo del idioma, en el análisis de situaciones del alma, en la recreación de los ambientes o en la manera de puntualizar sus ideas. Silvio Villegas apela a la cita que se ciñe al tema; la que corresponde, exactamente. Es un ejercicio intelectual de fidelidad a quien lo ha acompañado en su travesía intelectual. En lo literario se le halla tenso, devoto, sumergido en los misterios que inspira la creación artística. Porque a lo que reclaman las palabras, también une la música y el arte.
Con Silvio Villegas tuvimos siempre una buena amistad y de él aprendimos muchas cosas que esperamos no olvidar nunca. Por eso tenemos una ligera antipatía por los gringos. Qué colombiano de buena memoria puede olvidar estas palabras de Silvio: "No me levanto a pronunciar una arenga más en mi carrera política sino a saldar una deuda que tengo contraída con mi patria y con mi conciencia. Hombre de una sola palabra, acostumbrado a cumplirla con la certidumbre implacable de la naturaleza, prometí desde el principio atacar este contrato, y aquí estoy, casi solitario, asistiendo a la fuga de muchos combatientes de la víspera y esperando la soledad definitiva que hace al hombre más fuerte, según la sentencia del filósofo. Una idea no brilla en todo su esplendor sino cuando tiene un testigo solitario. Ninguno de los derechos del Estado se limita de manera precisa dentro del contrato que comentamos. Lo único nítido, claro, incuestionable que corre a través de este oscuro acertijo, que para resolver un pleito crea doscientos, son los derechos y privilegios de la compañía. Todo lo que se les niega a los colombianos, aparece pródigamente otorgado aquí a "una asociación de millonarios" de los Estados Unidos. Con asombro, pero sin sorpresa, nosotros estamos asistiendo a la entrega metódica de las riquezas patrias a los Estados Unidos, es decir, de la soberanía efectiva. Como se perdió Panamá se perderán también todas las riquezas nacionales. A veces piensa uno que este infortunado país está perdiendo su vitalidad creadora, su grandeza ética, su excelsitud nacionalista. ¿Dónde están Caro y Concha, Benjamín Herrera o Rafael Uribe Uribe, para defender la tierra de los padres contra la penetración conquistadora? Al poder o a su sombra se sacrifican hoy los valores espirituales que no se cotizan en la bolsa. Los pueblos que pierden la honra por el negocio, pierden el negocio y la honra".
Y ¿quién que trató a Silvio Villegas, o que leyó sus escritos, sus innumerables escritos puede olvidarse de este egregio escritor que ya casi nadie recuerda? Lea usted queridísimo amigo periodista que no le gusta mucho nuestro amigo Silvio estas hermosas palabras del egregio e inolvidable escritor caldense: "La vida privada de los ciudadanos es un santuario, cuyos umbrales no pueden traspasarse sino con los pies descalzos. Nunca se tomarán precau-ciones suficientemente severas para asegurar el respeto que se le debe. Hay, sin embargo, una diferencia que hacer entre el ciudadano que se consagra al servicio público y el que permanece estrictamente en la vida privada. Los cargos del Estado no son obligatorios; quien los solicita y alcanza tiene que aportar un pasado sin tacha y un crédito inmaculado. Así se trate de una función o de un mandato público, quien lo ejerce debe ser un hombre honrado y un hombre de honor. Si no lo es, importa al patrimonio superior del Estado, más todavía que a la ética social, que la prensa, intérprete de la conciencia colectiva, sea libre para decirlo y probarlo. No temáis si entonces se os llama liberalistas, panfletarios, calumniadores ya que denunciar a los amigos del bien público es la mejor acción que un varón justo puede realizar en este bajo mundo".


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